¿Cómo sostener tu poder sin dejar de amar?
- carolinacortesrodr
- 22 abr
- 4 min de lectura

En mi experiencia como mujer y terapeuta de mujeres he identificado un patrón predominante que repetimos y resulta ser alienante y desempoderador. Yo también lo he repetido y me he tomado años para comprender cómo me he quedado entrampada en él una y otra vez. Me tome el tiempo para identificar, entender y desarrollar acciones conscientes que lo transformen y así lograr recuperar mi poder personal. Ahora sé que he repetido para aprender a aprender desde la profundidad de mi alma y alcanzar el suficiente nivel de coherencia para acompañar a otras mujeres a romper este patrón.
Como mujeres aprendimos a ser en función de otros, a jugar el rol de cuidadoras de todos pero somos las más negligentes con nosotras mismas. El patrón es el de perdernos en un otro; perdiendo nuestra identidad, talentos, sueños, bienestar, dinero, tiempo y autoestima. Aprendimos este patrón y la sociedad patriarcal lo refuerza en cada interacción. Nos hace sentir culpables si nos priorizamos y construimos balance relacional.
Perderte en otro es una consecuencia de no sanar tu herida de abandono, de abandonarte en dinámicas relacionales desbalanceadas en búsqueda del falso reconocimiento de los hombres; incluso repetimos este patrón entre vidas y con fuertes memorias de una ilusoria soledad. Especialmente en las almas más empáticas suele existir un exceso de empatía hacia otros y mucha autoexigencia. Hay un fuerte llamado al servicio que sin balance, puede conducir a falsos buenísimos y paternalismos; que realmente nos llevan a enaltecer el ego de otros y no aporta a la expansión de conciencia de quién queremos ayudar. Perderse en el otro y dejarnos de lado conduce a un camino de sufrimiento y desempoderamiento. Dejas de crecer y tampoco le das espacio al otro para que crezca.
Buscamos el reconocimiento de los hombres con actos de sacrificio y no nos vemos realmente desde nuestra esencia. Perdemos nuestro poder y potencial de manifestación en un momento tan crítico de la humanidad, en el que nuestros talentos son requeridos para construir una nueva tierra. Si rompemos el patrón de perdernos en otros, co-creamos el balance de nuestras energías internas y en las dinámicas relaciones entre hombres y mujeres, creciendo sin miedo a perder. Te comparto prácticas para dejar de repetir el patrón y sostenerte en tu poder personal como mujer consciente:
Observa como si fueras testigo de tu vida, procura cultivar tu capacidad de auto-referencia y reflexividad al observar y comprender tu propia vida, para que ésta te ayude a entenderte con ojos más sinceros y compasivos. Repites porque no quieres verte con sinceridad y te autoengañas cuando te excusas y excusas la conducta de otros, quienes te hacen daño. Prefieres no ver porque si de verdad lo haces con conciencia tendrás que asumir tu responsabilidad (tu 50% en la dinámica relacional) y puede resultar doloroso (particularmente para tu ego). Culpamos a otros por sus engaños y manipulaciones pero ¿cómo te engañas para no crecer en conciencia? Para cambiar un patrón hay que verlo y ver de qué manera lo retroalimentamos, desde nuestro diálogo interno, creencias, emociones e interacciones con el otro y el mundo.
El autoengaño con frecuencia es un obstáculo para avanzar en los objetivos terapéuticos pero también en el crecimiento espiritual. Sufrimos en muchas ocasiones de doble ceguera, no vemos que no vemos y por eso aprender a vernos con sinceridad y discernimiento es una paso esencial para dejar de repetir el patrón de perdernos en el otro. Se trata de ampliar nuestra capacidad de discernir para crecer y mirarnos hacia dentro con una mirada amplia y profunda.
Date la oportunidad de realmente estar presente en tus experiencias. Solemos creer que vivir una vida plena es aquella llena de numerosas y diversas experiencias. No hemos terminado de salir de una y nos involucramos en otra, sin darnos realmente la posibilidad de estar presentes en lo que experimentamos y de aprender e integrar desde el alma. Avanzar no es necesariamente pasar a algo nuevo, sino realmente aprender de nuestras vivencias con todos nuestros sentidos.
Siente las emociones que emergen en tu vida cotidiana y observa cómo estas estrategias emocionales te están llevando a implicarte en el mundo y a posicionarte de una forma determinada. Te posicionas con pasividad cuando vives sin reflexión pero también si no pasas a una verdadera transformación. Este proceso toma tiempo, estamos en la 3d y aún no estamos 100% en conexión con la esencia, estamos recordando quienes somos y van a ver recargas de energía elevada y despertares que nos permitirán repetir el patrón con menos frecuencia o al menos con una mayor consciencia de cómo recaemos en más de lo mismo pero no creas, ya no repites igual. Siempre avanzas un poco más. Los avances no son lineales y a veces repetimos para reforzar un aprendizaje.
Reconócete como un aprendiz de la vida y aprende a aprender con una mirada psicoespiritual. Acepta que eres una aprendiz y que aprendemos realmente al ritmo del alma y que los procesos y resultados no van al ritmo y mandatos del ego. A veces para el ego el resultado es meramente una materialización externa que demuestra su poder y valía pero al alma realmente lo que le interesa es el proceso de reconocimiento, sanación y no le interesa lo externo que materializó. A veces el sufrimiento es un medio para que por fin aceptemos y dejemos de engañarnos y eso es lo que nos permite el mayor crecimiento espiritual. El ego sufre pero el alma se expande. Lo que para el ego es innecesario repetir para el alma es una forma de reforzar un aprendizaje e integrar más sabiduría. Sanar nuestro ego, viene de la tarea de bajar las barreras y obstáculos para interiorizar un aprendizaje. Se trata de trascender el sufrimiento y ampliar la mirada, darle un sentido espiritual.
Nos entregamos a relaciones kármicas y desbalanceadas porque estamos en el proceso de aprender el amor incondicional hacia nosotras, de priorizarnos. Si no hacemos este trabajo ¿cómo va a aprender quién está a nuestro lado? Si reforzamos su ego y el nuestro no habrá cambio y existirá más sufrimiento pero sin crecimiento espiritual. Hay pruebas y golpes fuertes que necesita nuestro ego para romperse y sólo así podrá brillar la luz interna, de la que viene la real sabiduría.



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